Los mercados mundiales de alimentos enfrentan una peligrosa acumulación de riesgos en 2026: condiciones extremas de El Niño, altos costos de insumos, creciente demanda de biocombustibles y posibles restricciones al comercio podrían elevar los precios muy por encima de las proyecciones actuales. Conozca los factores que amenazan la seguridad alimentaria global y lo que está en juego para los países más vulnerables.
FENÓMENO EL NIÑO
Las
condiciones meteorológicas asociadas a El Niño ya han aparecido y se espera que
aumenten hasta alcanzar niveles moderados o intensos durante el otoño del
hemisferio norte, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de
EE. UU. (NOOA). Los encargados de los pronósticos estiman que existe una
probabilidad de casi dos tercios de que El Niño alcance una intensidad muy
fuerte entre noviembre y diciembre. Para los mercados agrícolas, la pregunta
crítica es qué tan intenso se vuelve el fenómeno de El Niño. Por lo general, El
Niño provoca sequías prolongadas en Asia sudoriental y condiciones más secas en
zonas de Australia, el norte de Brasil, África meridional y Asia meridional,
regiones clave en la producción de cereales, caña de azúcar y semillas oleaginosas.
Dado que los mercados agrícolas ya afrontan presiones sobre los costos
relacionadas con los conflictos, un episodio de El Niño más intenso o más
persistente podría provocar alteraciones de manera simultánea en múltiples
zonas de cultivo y empujar los precios de los alimentos muy por encima de las
proyecciones actuales.
INSUMOS ALTOS
El
cierre del estrecho de Ormuz ha alterado los suministros de energía mundiales,
incluidos los fertilizantes —especialmente la urea y el fosfato, dos de los
productos más utilizados— y el gas natural licuado (GNL), lo que ha impulsado
los precios a sus niveles más altos desde 2022. Ambos son insumos agrícolas
esenciales: los fertilizantes de forma directa, y el gas natural como materia
prima básica para producir fertilizantes nitrogenados. Como resultado, los
precios de los insumos se han disparado. En el escenario de referencia del
informe Commodity Markets Outlook, se asume que las interrupciones del
suministro relacionadas con Oriente Medio se atenuarán en el tercer trimestre
de 2026, lo que limitaría la gravedad y la duración de los problemas de oferta.
El acuerdo de paz provisional entre Estados Unidos y la República Islámica del
Irán, dado a conocer esta semana, que incluye la reapertura del estrecho de
Ormuz, es en líneas generales coherente con este supuesto. Sin embargo, si las
interrupciones persisten, los precios de los fertilizantes y el gas natural
podrían situarse muy por encima de las previsiones actuales, generando
importantes riesgos al alza para los precios agrícolas. A corto plazo, estos
riesgos suelen manifestarse en mayores costos de producción. En el largo plazo,
los elevados precios de los fertilizantes podrían llevar a los agricultores a
reducir el uso de estos productos o a cambiar hacia cultivos que requieran
menos de ellos, lo que reduciría los rendimientos, limitaría la oferta de
alimentos y ejercería una mayor presión alcista sobre los precios.
Los
mayores precios del petróleo crudo ya han aumentado el atractivo de los biocombustibles.
Esto es importante para los mercados de alimentos porque los cultivos
utilizados para producir biocombustibles son los mismos que alimentan a las
personas, lo que significa que los mayores precios de la energía pueden
traducirse en precios de los alimentos más altos. El índice de precios de los
aceites y las harinas del Grupo Banco Mundial aumentó un 11% en los tres meses
transcurridos desde el inicio del conflicto, en parte como reflejo de la fuerte
demanda de biodiésel. Las políticas de los Gobiernos refuerzan esta tendencia:
varias economías importantes han aumentado recientemente sus mandatos de
mezcla, esto es, normas que exigen que una proporción mínima de biocombustibles
se combine con los suministros de combustibles convencionales. Indonesia tiene
previsto aumentar su combinación obligatoria de biodiésel del 40% al 50% en julio;
Tailandia ha incrementado la proporción del 5% al 7%, y Estados Unidos ha
elevado el volumen exigido de diésel a base de biomasa a 5,400 millones de
galones en 2026 (frente a 3,400 millones en 2025) y 5,700 millones de galones
en 2027. Si los elevados precios de la energía persisten —o siguen subiendo si
el conflicto continúa—, también es probable que aumenten los precios de las
principales materias primas de biocombustibles clave, en particular el maíz y
el azúcar utilizados para producir etanol, y los aceites comestibles usados
para producir biodiésel. El impacto podría sentirse más rápidamente en el
mercado azucarero, donde las fábricas, sobre todo en Brasil, pueden cambiar con
facilidad la producción entre azúcar y etanol.
Cuando
los precios de los alimentos se disparan, los Gobiernos suelen responder con
restricciones a la exportación con el fin de proteger a los consumidores
internos. Si bien estas medidas pueden brindar un alivio a corto plazo a nivel
nacional, también limitan los suministros mundiales, aumentan la volatilidad de
los mercados y elevan aún más los precios internacionales. Durante las crisis
de los precios de los alimentos de 2008 y 2022, las sucesivas prohibiciones a
la exportación de cereales y aceites comestibles amplificaron las fuertes alzas
de los precios mundiales y agravaron la inseguridad alimentaria en las
economías dependientes de las importaciones. Dado que los costos de la energía,
los precios de los fertilizantes y las conmociones relacionadas con el clima
plantean riesgos simultáneos, la amenaza de una reanudación de las
restricciones comerciales es particularmente grave. Los países de ingreso bajo
que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos serían
especialmente vulnerables.
CONCLUSIONES
Las
proyecciones de referencia apuntan a aumentos solo moderados de los precios de
los alimentos en 2026, un resultado relativamente contenido dada la magnitud de
la crisis en Oriente Medio. En general, sin embargo, los riesgos se inclinan
claramente al alza: un conflicto prolongado, una mayor demanda de
biocombustibles, un fenómeno de El Niño más intenso o nuevas restricciones a la
exportación —por separado o combinados— podrían empujar los precios de los
productos básicos alimentarios muy por encima de las proyecciones actuales, y
la carga más pesada recaería sobre las poblaciones del mundo más afectadas por
inseguridad alimentaria.
A
más largo plazo, las respuestas de política y la demanda de biocombustibles
podrían resultar aún más significativas. El conflicto reciente se suma a una
serie de perturbaciones que han reconfigurado los mercados de productos
básicos, entre ellas la pandemia de COVID-19, la invasión de Rusia a Ucrania y
las guerras comerciales. En conjunto, es probable que estas conmociones
refuercen las políticas aislacionistas, con Gobiernos que ponen mayor énfasis
en la autosuficiencia energética y alimentaria, las reservas estratégicas y la
seguridad del suministro.
Fuente: BANCO MUNDIAL






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