El
crecimiento y la creación de empleo de calidad en América Latina y el Caribe
(ALC) siguen siendo moderados en un entorno global desafiante. La inflación
sigue disminuyendo, pero la relajación de la política monetaria ha avanzado más
lentamente de lo previsto, los precios de las materias primas no vinculadas a
la energía se están moderando, y los persistentes déficits fiscales siguen
limitando la inversión necesaria.
Además, la rápida evolución del régimen comercial global, junto con la mayor volatilidad en los mercados energéticos vinculada al reciente conflicto en Medio Oriente, genera altos niveles de incertidumbre en torno a la inversión, la inflación y la política monetaria, lo que debilita las perspectivas de crecimiento a mediano plazo.
Para
el Banco Mundial, la frustración por la falta de avances en la agenda de
crecimiento y empleo a largo plazo, combinada con la aparición de nuevos
estudios académicos sobre los milagros asiáticos, ha devuelto la política
industrial al centro del debate político en gran parte del mundo en desarrollo.
Aunque los hacedores de políticas deben mantenerse abiertos a las lecciones
emergentes, la experiencia histórica de ALC —desde la industrialización por
sustitución de importaciones, pasando por reformas orientadas al mercado, hasta
el reciente regreso de la política industrial— muestra que en todos los
sectores y regímenes de políticas, persistió un débil crecimiento de la
productividad, especialmente porque la región carecía de la capacidad para
identificar y explotar nuevas tecnologías, procesos, productos y mercados.
Por
tanto, la política industrial debe considerarse principalmente como
"política de aprendizaje", con cuatro agendas: desarrollar
capacidades en todo el espectro del capital humano; facilitar la
experimentación y la asunción de riesgos; explotar la apertura de forma
productiva; y, para corregir las fallas de mercado asociadas a cada agenda,
fortalecer al estado.


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