miércoles, 7 de marzo de 2018

LIDERAZGO, ÉTICA, SERVICIO, INFLUENCIA Y EJEMPLO

Por César Sánchez Martínez / LIMA

Para algunas “escuelas” el liderazgo es autoridad, poder y posicionamiento. Para nosotros es más que eso. Es influencia, servicio, ejemplo y ética. Si tenemos que resumir en una palabra qué es el liderazgo, simplemente diríamos que es influencia en el sentido más amplio de la palabra. Pero esa influencia tiene, intrínsecamente, otros componentes. Quedarnos en los conceptos de autoridad, poder y posicionamiento es limitarnos a conocimientos y puestos, de ahí que algunas personas creen que, porque tienen el “puesto de” o saben “algo de”, creen que son líderes.
Incluso, algunos ricos y famosos, son presentados mediáticamente de esa manera, y obviamente hay quienes quieren seguir sus pasos y sus mejores herramientas son las universidades, centros especializados, separatas y conferencias, que son buenas, pero mal utilizadas. En el mundo empresarial, también ha llegado esa “moda”. Fulera y mediocre tendencia que no ayuda al crecimiento y madurez organizacional.
Un “líder” que no practica una buena ética (no solamente principios y valores morales), sino entendiéndose en la actitud de hacer lo correcto, no es un ejemplo a seguir. Lo peor es que algunos levantan la voz o “carajean” al personal, y cómo logran ciertos objetivos, creen que son líderes. Craso error.
¿Por qué afirmamos que el liderazgo es influencia? Porque es el norte o dirección por donde se debe transitar hacia el destino indicado. Pero se requiere conocer o saber algo de ese camino para verificar si es la correcta dirección. Dice el refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. La idea no es sólo lograr el objetivo a toda costa, sino cómo se alcanza. Algunos ejércitos “ganan” guerras, pero dejan una secuela de muertos en el camino.
También, estar rodeado de personas que no ayudan al logro de los objetivos organizacionales o personales, no nos conducirá a buen puerto. Las influencias negativas afectan la conducta y la reputación de las buenas personas. Mientras la correcta y adecuada influencia edifica a las personas, la negativa la destruye. Tener la compañía de personas mediocres no son buenas para progresar y desarrollarse en la vida. Tampoco lo son para las organizaciones. “Las malas palabras corrompen las buenas costumbres” afirma un verso bíblico.
Los insumos para formar un liderazgo se aprenden primero en el hogar, y luego se perfeccionan en la vida, asistidos por los estudios, conocimiento, experiencias e interacción con otras personas.
Desde la temprana edad ya existen algunos insumos como la visión de futuro, vocación de servicio, mentalidad emprendedora, práctica solidaria y trabajo en equipo. Sino todo ello se aprende en la vida. También están la ayuda mutua, la honradez comprobada, el amor incondicional, la esperanza en el porvenir, el respeto hacia los demás y el deseo de superación. Se aprende, asimismo, la perseverancia ante las pruebas, las ansías por aprender, el hábito por la buena lectura (fundamental en la vida de quienes aspiran ser buenos líderes), reconocimiento del trabajo ajeno y valentía para reconocer errores propios.
En el mundo de los negocios, el verdadero liderazgo no es gerencia, jefatura, puesto o autoridad. Eso lo puede lograr cualquier persona que por amistad o suerte llega a esos puestos de confianza.
¿Quién no ha tenido un jefe que no hace nada y sólo manda? Otros hacen su trabajo, pero él, lo hace pasar como si fuera suyo. No sabe dónde está parado, pero es el superior y tiene la autoridad. En algunas organizaciones, esto es “normal”.
Por ejemplo, esa persona tiene el puesto, la responsabilidad y la autoridad, pero es un mediocre. Su influencia hacia los subordinados será negativa. Alguien dirá que se trata de un liderazgo negativo. No existe tal cosa. El liderazgo es proactivo y, por lo tanto, positivo en su naturaleza.
En el ámbito empresarial si una persona que tiene un puesto de responsabilidad hace perder dinero a la organización o quiebra a la empresa, no se puede decir que su liderazgo fue negativo, porque el liderazgo siempre nos debe llevar hacia lo positivo y, por lo tanto, hacia el crecimiento.
En las finanzas populares y economía solidaria, como en cualquier tipo de industria o actividad comercial, existen presidentes de directorios, directores, socios, gerentes, jefes, supervisores, altos ejecutivos y asesores, pero no todos son líderes. Líder es alguien que logra metas, siguiendo la senda correcta. Sus hechos y logros hablan por él.
El liderazgo no es algo que se adquiere por naturaleza y viene con la persona, se aprende en el camino. Una persona puede nacer con ciertas habilidades que podrán hacer más fácil el aprendizaje, pero hay que aprenderlo. Nadie nace honesto, generoso y servicial, esas virtudes se aprenden y se forjan en el hogar.
El verdadero líder sabe lo que significa: “Gracias”, “Perdóname”, “Por favor”, “Me equivoqué” y “No lo sé”. También asume su responsabilidad cuando debe hacerlo y deja que los demás le ayuden, reconociendo sus limitaciones.
Al líder no lo hace el estatus social, jefatura, fama y menos el dinero. El líder está al servicio de los demás y es el ejemplo a seguir. El verdadero liderazgo implica el servicio hacia los demás. Es decir, sacrificio para ser comprendido y entrega desinteresada, sin esperar nada a cambio.
Jesucristo mismo nos enseñó que él no vino para ser servido, sino para servir. De tal manera que él mismo se convirtió en un líder excepcional. Nunca tuvo un cargo, una gerencia o mucho dinero. Perteneció a los estratos sociales bajos y no poseía títulos académicos de centros superiores de renombre, pero desde su nacimiento hace más de 2,000 años, sigue siendo un líder de excelencia, y su influencia mundial es de tal manera, que hasta la historia se ha dividido en dos: Antes y después de Jesucristo. 
Existen grandes hombres que también están haciendo historia, pero el estilo de vida que llevan, dice mucho de ellos. Asimismo, hay compañías y grandes corporaciones multinacionales presididas por connotados hombres de negocios, pero que, en el campo del liderazgo, dejan muchas falencias y limitaciones que nadie quiere imitarlos.
El líder debe tener un corazón de siervo, de uno que está al servicio de los demás. Cuando en las organizaciones los colaboradores ven a su gerente o jefe al servicio de los demás, éste último tendrá siempre el respaldo de los trabajadores, quienes no sólo seguirán su ejemplo, sino que tendrá también la ayuda de ellos.
Pero todo lo escrito se aprende primero en el hogar. Es lamentable ver que jóvenes que recién empiezan su vida laboral, no tienen iniciativa, no son solidarios ni consecuentes, y hasta se convierten en “chismosos” para conservar sus trabajos. Esas personas de por sí, ya son mediocres y es muy probable que nunca serán líderes.
Ninguna persona que tiene una “doble vida” puede ser un excelente líder. La gente tiene que ver en la vida del líder, el ejemplo a seguir y a la persona que le gustaría imitar. Una persona que se autoproclama y se “marketea”, puede ser muy conocida, pero líder nunca lo será. El liderazgo va acompañado por un estilo de vida diferente.

El liderazgo en el presente siglo es un conjunto de virtudes y actitudes que se aprenden para influenciar positivamente en las personas, superar limitaciones y alcanzar retos en los tiempos señalados.

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